¿Cómo pilotas tu vida?

17 de Marzo de 2020
En esencia tenemos tres maneras de pilotar nuestra vida, que ponemos en práctica de modo consciente o inconsciente: DRON: Pilotar desde el suelo con el mando a distancia, sin saber a veces si somos nosotros los que lo manejamos o nos manejan. ¿Te ha pasado alguna vez que no sabes si eres el dron, el piloto o el mando a distancia? AVIÓN: Pilotar con una ruta fija, una altitud constante y con el piloto automático activado en el 99% de las ocasiones. Control, fuerza y velocidad. GLOBO: Pilotar dentro del viento. La atmósfera está compuesta de capas de viento muy diferentes que viajan en diferentes direcciones y a diferentes velocidades. Cada vez que nos empujan en una mala dirección, cambiamos nuestra altitud hasta encontrar una capa de viento que nos dará una mejor trayectoria. No luchamos: Fluimos

Imagina que vas caminando por la calle y explota un coche bomba.

UY! Ahí ha pasado algo….Parece que hay alguien tirado en el suelo. Nos acercamos y un señor muy antipático no nos deja pasar por ser blancos.

Booooom!!! La explosión me lanzó tres o cuatro metros hacia atrás y me tiró al suelo. Sólo podía oír un agudo pitido. Veía la gente corriendo a mi alrededor. Olía a humo. Cuando levanté la cabeza vi al hombre con el que un segundo antes estaba discutiendo porque no me dejaba pasar. Estaba convertido en un montón de carne, huesos, sangre y trozos de tela. 

Sólo pensé en correr. Me levanté y corrí todo lo que pude en dirección contraria a donde había explotado el coche. Cuando vi a mis compañeros, le levanté la camiseta a Carles por ver si estaba bien. Yo estoy bien, sólo tengo un arañazo en la cara, pero tú tienes algo ahí en la rodilla, me dijo. Entonces me caí al suelo porque me falló la pierna derecha. ¿Cómo has podido correr? Me preguntó Miguel. Yo que se. Paremos un coche y que nos lleve a un hospital. Salgamos de aquí. 

Aquel viernes un trozo de metralla me hirió la rodilla. Con el tiempo aprendí de aquella experiencia varias cosas, que podéis leer en este post

Estoy infinitamente agradecido a la doctora que me operó varias veces y gracias a la cual pude caminar con normalidad. Y más aún al doctor que me dijo que no podría volver a correr nunca más el día que me dió el alta. 

Aquel día, salí de la consulta con una pregunta en mi cabeza: Raül, ¿cómo pilotas tu vida? La onda expansiva de la explosión había llegado a mi alma y desde mi vulnerabilidad me dispuse a encontrar nuevos puntos de vista. Me apunté al medio maratón de Valencia. Faltaban 51 días.

Cuando en una altitud no encuentras lo que quieres, hay que soltar lastre, tomar perspectiva y cambiar de altitud.  

En esencia tenemos tres maneras de pilotar nuestra vida, que ponemos en práctica de modo consciente o inconsciente:

  1. DRON: Pilotar desde el suelo con el mando a distancia, sin saber a veces si somos nosotros los que lo manejamos o nos manejan. ¿Te ha pasado alguna vez que no sabes si eres el dron, el piloto o el mando a distancia?
  2. AVIÓN: Pilotar con una ruta fija, una altitud constante y con el piloto automático activado en el 99% de las ocasiones. Control, fuerza y velocidad.
  3. GLOBO: Pilotar dentro del viento. La atmósfera está compuesta de capas de viento muy diferentes que viajan en diferentes direcciones y a diferentes velocidades. Cada vez que nos empujan en una mala dirección, cambiamos nuestra altitud hasta encontrar una capa de viento que nos dará una mejor trayectoria. No luchamos: Fluimos

Volar en un globo nos enseña a hacer exactamente lo contrario de lo que hemos aprendido a hacer en nuestra vida cotidiana, y nos ofrece nuevas estrategias para la innovación, la creatividad y la gestión de crisis.

Desde pequeños, en la escuela, en casa, se nos enseña a temer y rechazar la incertidumbre, los cambios, lo desconocido, es decir todo lo que no podemos controlar. Así que ¿qué hacemos? Adquirimos todas las herramientas posibles para luchar contra la imprevisibilidad y evitar obstáculos. Queremos tener más poder, más velocidad, más control para ir en la dirección que hemos elegido. A veces funciona, aunque normalmente, la vida no nos da exactamente lo que esperábamos y el resultado final es la frustración, el agotamiento la desilusión. En muchas ocasiones también se nos enseña desde niños a obedecer, sin cuestionarnos las órdenes.

En un globo, todo es diferente. No tenemos poder, ya que no tenemos motor, ni control, somos empujados por el viento, y ni siquiera controlamos nuestra propia velocidad o dirección, ya que son las condiciones meteorológicas las que decidirán. Es una situación de crisis permanente, ya que sabemos exactamente de dónde venimos, pero sin idea de hacia dónde vamos.

Entonces, ¿porqué es interesante? En la cesta de un globo, podemos aprender algo vital: la atmósfera está compuesta de capas de viento muy diferentes que viajan en diferentes direcciones y a diferentes velocidades. Significa que cada vez que nos empujan en una mala dirección, la única manera de salir de ella es cambiar nuestra altitud y encontrar una capa de viento que nos dará una mejor trayectoria.

En la vida, nos enfrentamos a la misma situación, porque la vida es como la atmósfera: todo lo que nos rodea -las modas, las tendencias, la economía, las crisis financieras, las decisiones políticas, los accidentes, las enfermedades y las muertes, el éxito, el fracaso, el amor…- Todo es como el viento: viene a nosotros de una manera completamente impredecible y nos empuja hacia lo desconocido. Así que, si estamos acostumbrados a odiar lo desconocido, nuestra vida entera va a ser una pesadilla.

Sin embargo, podemos cambiar nuestra actitud y entender la vida como una gran aventura en la que podemos explorar para adquirir nuevas herramientas y nuevos recursos para ser más eficientes y felices.

Entendiendo la palabra aventura como un estado de ánimo frente a lo desconocido, una actitud que no busca necesariamente cosas espectaculares, sino más bien lo «extra-ordinario», es decir, todo lo que nos permite liberarnos de nuestras reacciones automáticas y preprogramadas. La aventura, en mi opinión, se manifiesta más en la actitud que adoptamos que en lo que hacemos o conseguimos y para ello, tenemos que desconectar el piloto automático.

Si miramos la vida como un gran vuelo en globo, en el que a veces los vientos nos empujan en direcciones que no son precisamente las que hemos elegido, podemos elegir entre dos opciones:

  1. Quejarnos, lamentarnos e intentar resistir, desperdiciando nuestro tiempo y energía (que es lo único que tenemos) luchando contra lo que no podemos controlar.
  2. Comportarnos como un piloto de globo y entender que nuestra única libertad y responsabilidad es cambiar la altitud cada vez que hacemos frente a situaciones desfavorables. En un globo, nosotros no podemos cambiar la dirección del viento o controlar la naturaleza, pero hay una cosa que sí podemos cambiar: nuestra altitud.

Cuando la vida nos da un giro o nos atrapa una turbulencia, podemos cambiar la altitud para encontrar otros niveles, otras influencias, estrategias, soluciones o respuestas que nos empujen en otra dirección. Debemos estar preparados en cada momento para modificar nuestra visión del mundo si queremos dirigir nuestro destino alrededor de los obstáculos e inventar nuestro propio futuro en lugar de ser una víctima de él.

Cambiar de altitud es actuar. Sin acción no hay cambio. Si quieres subir, tienes que ser más ligero, y por lo tanto tienes que calentar el aire con los quemadores o soltar lastre. Tienes que transformar tu mirada y tirar el lastre que ya no te vale. ¿Qué significa esto? Abrirse a nuevas estrategias y formas de hacer las cosas. Cuestionarnos nuestras convicciones y creencias, estimular nuestra curiosidad  para no vivir atrapados por nuestro miedo a lo desconocido. Abrirnos al mundo, a nuevas experiencias a nuevos puntos de vista.

También podemos cambiar la altura hacia abajo o descender, hacia nosotros mismos, hacia nuestro mundo interior, con el objetivo de conocernos más y mejor, de ganar conciencia, autoconocimiento, de explorar los recursos que tenemos y aún desconocemos.

En nuestra barquilla llevamos mucho lastre, y hemos aprendido  a mantenerlo a bordo, por si acaso. Este  lastre está formado por las certezas,  seguridad, hábitos, convicciones, creencias, paradigmas, dogmas, suposiciones, etc, etc.. Sin embargo, cada vez que nos enfrentamos a una crisis, tratamos de mantener este lastre en nuestras manos tan fuerte como podemos en lugar de tirarlo por la borda. Creemos que esta actitud nos hará más fuertes, pero no es así: sólo nos hace más pesados. ¿Te has fijado alguna vez en cómo nos aferramos a nuestros hábitos en un período de crisis, en lugar de lanzar por la borda nuestro lastre?

Aprender a soltar lastre es crucial, aunque no es en absoluto lo que aprendemos a hacer en nuestra educación. ¿Qué significa soltar lastre? Analizar con honestidad nuestras convicciones y creencias y tratar de prever exactamente lo contrario. No quiero decir que lo contrario sea necesariamente mejor, sino que podamos tomar conciencia de nuestro modo habitual de pensar y simultáneamente imaginar exactamente lo contrario. Así, no tendremos una sola opción disponible, sino todas las opciones que se encuentran entre ambos extremos. Podremos  tener una visión más amplia y abierta no sólo del problema, sino de todas las soluciones que tenemos delante, y a partir de ahí, valorar las opciones y elegir la mejor. Esta decisión activa nos hará libres. No necesariamente libre para hacer todo, ya que no siempre es posible, pero libre para pensar en todas las direcciones, para contemplar nuestro futuro de una manera más innovadora.

Por supuesto, todo debe empezar por ser lo suficientemente honestos con nosotros mismos para entender sobre qué base se construye nuestra visión de la situación. También significa que estamos dispuestos a ser capaces de admitir que hay otras maneras de hacer y pensar completamente diferentes a las que hemos aprendido. Y esto puede ser difícil de admitir para nuestro ego, que es uno de los lastres más pesados e inútiles.

No es fácil aceptar y ser consciente de que en muchas ocasiones podríamos dejar de ser prisioneros de las circunstancias si lanzásemos por la borda algunas de nuestras propias convicciones. Quizás los problemas tomarían otro significado si, en lugar de luchar contra alguna realidad externa tratando en vano de cambiarla, cambiamos nuestra actitud y nuestra realidad interna.

Y para ello un aspecto que podemos cultivar es la confianza en el cambio en lugar de miedo al cambio. La actitud de “aventurero” es la que nos lleva a explorar lo desconocido, crear espacios de incertidumbre para experimentar en diferentes niveles, a crear oportunidades  en las que no nos sirva reaccionar de forma automática.

Un buen ejercicio, sin necesidad de irnos a atravesar el Polo Norte, es escuchar a alguien que tiene una opinión completamente opuesta, sin interrumpir todo el tiempo para dar nuestras propias opiniones. Y no sólo sin interrumpir, sino también escuchando atentamente los otros argumentos mientras pensamos en nosotros mismos: "¿Qué puedo aprender de eso?" O "¿Y si esta persona tuviera razón y yo estuviese equivocado?"

Esto es cierto para la política, la religión, la economía, el cambio climático, la medicina, la educación de los niñ@s y así hasta el infinito. Si no puedes aceptar que la opinión de las personas que tienen otra religión o partido político es valiosa, nunca podrás cambiar nada en tus propias estrategias de negocios, tus relaciones con otras personas o en tu vida personal.

¿Has pensado alguna vez que cuando algo ha estado funcionando durante mucho tiempo siempre seguirá funcionando en el futuro? Error. Las preguntas y las dudas son más importantes que los hábitos y las certezas. Debemos preguntarnos regularmente: "¿En qué paradigma está basada mi estrategia?" y "¿Qué debo cambiar antes de que el viento me pille por  sorpresa y me ponga en una crisis".

Ante cada acontecimiento, podemos pararnos un segundo y preguntarnos: ¿Qué pasa si hago lo contrario de lo que quiero hacer? La simple conciencia de que existe esa opción, esa libertad,  nos lleva a una altitud diferente.

Muy a menudo  tenemos que decidir si luchamos contra una situación o estamos de acuerdo con ella. Paradójicamente, aceptar, estar de acuerdo con algo, es una decisión. Con frecuencia pensamos que dejarse llevar constituye un abandono, una huída. Pero creo que es todo lo contrario: es una decisión extremadamente consciente. Te dices a ti mismo: «Ahora, acepto». Y eso te permite cambiar de altitud, abandonar la lucha horizontal para ascender  y descubrir el mundo, o para descender y descubrirte a tí mismo.

Podemos aprender a evaluar y elegir la respuesta, antes de reaccionar automáticamente, a una determinada situación. Entre el estímulo y la reacción tenemos un instante para evaluar la situación y preguntarnos si las condiciones requieren fluir  o luchar: comportarnos como piloto de globo o como piloto de avión.

Sin embargo, en el loco mundo actual, está mejor vista la combatividad del piloto de avión (incluso de piloto de caza). Luchar contra todo aquello que se pone delante. Es sin duda este temor de  ser vistos como derrotistas lo que explica que en innumerables situaciones malgastamos nuestra energía intentando desesperadamente cambiar aquello que no puede cambiarse. Y esto, se llama estrés.

Por utilizar una metáfora, podemos decir que el derrotismo consiste en ser piloto de globo en una situación en la que sería preferible reaccionar como piloto de avión y cambiar aquello que puede ser cambiado. En cuanto al estrés, consistiría en comportarse como piloto de caza en una situación demasiado grande para nosotros y en la cual sería más sabio reaccionar como un piloto de globo.

Con las turbulencias de la vida, sucede algo similar. Obviamente, nos gustaría eliminarlas y tener una vida fácil, pero la vida no es así. Los chinos escriben la palabra «crisis» en su caligrafía con dos pictogramas, uno de los cuales significa peligro y el otro suerte u oportunidad. Los dos juntos significan crisis.

Quizás  tendemos a perder de vista esto luchando continuamente contra los problemas que surgen, en lugar de detenernos un momento para evaluar si la mejor opción es luchar o aceptar y cambiar la altitud para encontrar nuevas oportunidades.

Y aquí estamos otra vez como si estuviéramos volando en un globo. Nos sentimos prisioneros de la vida, y nuestra única opción es tomar conciencia de que la mayor aventura de todas es desarrollar el estado mental que nos permite para estimular la parte dentro de nosotros mismos que quiere ir con la vida, con todas sus incertidumbres y giros inesperados. Es así como podemos crecer aumentando nuestra  flexibilidad y adaptabilidad.

Si trasladamos a nuestra vida diaria la estrategia del piloto de globo, nuestro futuro será como un castillo de fuegos artificiales: Ya no será una sola línea que nos empuje en una sola dirección. En cada momento de nuestra vida, el futuro estará formado por de todas las líneas posibles que van en todas direcciones y en todas las altitudes, en 3 dimensiones. ¿Y qué es la creatividad, la gestión de crisis, el espíritu emprendedor, la innovación? Decidirnos a  explorar el eje vertical, cambiar la altitud, monitorear y explorar cada capa en los vientos de la vida, e intentar cada manera diferente de pensar y de comportarse, hasta que encontremos el que va en la dirección que estamos buscando. Esta es la razón por la cual la innovación está más relacionada con las viejas creencias que tiramos por la borda que con la nuevas ideas que tenemos.

Una aventura es una crisis que se acepta, incluso se provoca. Una crisis es una aventura que se rechaza.

Estaremos encantados de conocerte.
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